jueves, 3 de diciembre de 2009

Cuento...

Zurdo en la butaca y tirando a Zurdo en las ideas, es rojo mi estandarte y globalizadas mis maneras, la poesía me regocija y la prosa me envenena, el fusil no me alimenta ni el pensar en vida eterna.
Otoño e invierno, la mitad del año que me adjudico como propia, es quizá para un servidor la época de mayor trascendencia, en dónde vuela mi imaginación y todo, además, toma forma.
Es en estas estaciones climáticas en donde me siento como pez en el agua, el frío que se deja sentir es un elixir que me blande en un suspiro de recuerdos inagotables que se vuelcan uno a uno sin dejarme en paz, recuerdo mil cosas que creí olvidadas, cosas que si incluso me atreviera a contarlas muchos las negarían, no por así convenir a sus interés - me queda claro - sino porque en realidad son recuerdos tan pequeños que para la mayoría serían insignificantes.
Como en todo, hay etapas de formación en la vida, donde conoces personas que te ayudan a formar tu esencia, ya sea con ejemplos que deseas seguir o incluso algunos que jamás repetirías. En especial se me viene a la mente un recuerdo que se apega a lo que he escrito y lo comento a continuación a modo de cuento:
"Onta la de seises", acá esta, pues sácala mi chavo que traigo muchas del mismo color y me muero por ganar.
Pasaban de las doce de la noche y un cuarteto de amigos disfrutaban de una muy emocionante partida de Dominó, estos cuatro personajes se hacían acompañar por un disco de canciones rancheras de mitad del siglo XIX y principios del siglo XX (época que no correspondía a la noche del juego, sino más bien, a alguna del año 1998) que duraba toda la partida, así como también de una botella de brandy (en ocasiones, incluso, de más de una)
Pasaba la noche sin más trascendencia que la de los amigos pasando una velada increíble, cuando de repente sin dar aviso de nada, uno de los cuatro amigos se levanta de su silla como movido por una fuerza extraña, los demás participantes del juego, se quedaron atónitos sin saber que hacer, se preguntaban unos a otros ¿Qué le pasa a Dilan? (el nombre no es el real, es sólo para no echar de cabeza al Gabo) nadie podía dar crédito a lo que sus ojos veían, preocupados por su amigo, Brandon, Alfader y Ulrik (Cacho, freddy y Miguel) se beben la media botella de brandy restante y un par de canapés de queso - léase quesadillas - y sin pensarlo ni un minuto mas salen en su búsqueda.
Fuera de la casa donde jugaban, se encontraba estacionado el vehículo de Brandon, pero por mas que empujaron y empujaron hasta quedar exhaustos, el vehículo no puedo echarse a andar, así que decidieron utilizar el bocho de Alfader, que ese si encendió al primer empujón. Ya puestos en sus sitios dentro del auto, recorrieron cada rincón de la Ciudad de México en busca de su amigo, bares, centros nocturnos y Garibaldi, alguno que otro prostíbulo y nada, parecía como si a Dilan se lo hubiera tragado la tierra.
Ya con el sol en su cenit, los tres amigos decidieron ir a casa de Dilan a dar a su familia la terrible noticia de su desaparición. Al llegar, la madre de Dilan les abre la puerta y sin permitirles palabra alguna los invita a pasar diciendo las siguientes palabras: Pásenle muchachos, acompañen a Gabriel a desayunar unos ricos chilaquiles - Perdón, a Dilan - Brandon, Alfader y Ulrik no lo podían creer, su búsqueda llegaba a su final. Y así nuevamente reunidos los cuatro amigos, desayunaron un rico plato de chilaquiles y se pusieron a charlar sobre las peripecias de la noche anterior en la afanosa búsqueda de Gabriel -Perdón nuevamente, de Dilan -. No cabe duda de que hay que tener suficientes pantalones como para dejar a tus mejores amigos a media partida de domino sin decir una sola palabra, solo porque ya se quería dormir, y recibirlos al día siguiente como si nada hubiese pasado.

Al final no sé si esta historia fue real o mi mente me esta tomando el pelo (que ya me a tomado bastante, no es que me este quedando calvo) pero una cosa es segura, hay que hacer siempre lo que a uno mas le plazca, si hacemos las cosas por agradar a los demás, al final no tendremos nada, pero, si lo hacemos porque así nos nace, tendremos a nuestros amigos buscándonos hasta por debajo de las faldas, digo, de las piedras...
Salud.

1 comentario:

Unknown dijo...

Jejeje...que vida¡¡¡
pos con razon el frio y la estacion mueve tantas emociones.

Lindo relato¡¡¡...
besos