Rock Urbano, Rock Chilango, o como quiera se le desee llamar, bandas como Three Souls in my mind (algunos años después, El Tri) Banda Bóstik, Lira N´ Roll, Javier Bátiz, El Haragán, Tex-Tex, Interpuesto, Transmetal y un muy largo etcétera, han sido agrupaciones que en algún momento de mi vida me han dado identidad. Siendo muy joven conviví con estas bandas (entiéndase su música) en esa extraña relación de amor y odio, por un lado mi ímpetu de ser parte del movimiento “Glam” de los noventa (de ahí el odio) y por otro el de aferrarme a mis raíces (de ahí el amor) y formar parte de la gente que es relegada por su forma de vestir o de pensar.
Recuerdo que en alguna ocasión, estaba con mis padres en una plaza comercial, en ese lugar, había una tienda de instrumentos la cual llamo mi atención ya que yo deseaba ser todo un “RockStar” inmediatamente me puse a imaginar que me encontraba en un escenario tocando alguna de las guitarras que se exhibían en el local aquél sin darme cuenta de que mi papá negociaba el precio de un pequeño teclado Yamaha modelo: PSS-270, al percatarme de aquello, suplique sin ser escuchado que mejor me comprara una guitarra, nada pude hacer y salimos de la tienda con un teclado Yamaha PSS-270 (felicitaciones al vendedor).
El argumento de mis padres de no comprarme una guitarra, era que mi inquietud se trataba de sólo una “llamarada de petate” (un gusto pasajero) y que además, el teclado era algo muy “bonito”. Reacio a quedarme con las manos cruzadas emprendí una ítem (léase cruzada) para obtener mi guitarra y ser un “RockStar” y cual sería mi sorpresa, cuando uno de mis tíos favoritos (Tomas Ibáñez –para mí, líder indiscutible de La Destrucción) me obsequió una guitarra electro-acústica, vieja y desafinada, que fue mi adoración por muchos años.
Es aquí donde toma forma este relato, es en este preciso momento en que mi vida da un giro enorme –poco o nada me interesan los grados- apegado a la realidad, ya sabía yo sobre La Destrucción (agrupación de rolas del Tri) incluso, había estado como espectador en varios de sus ensayos, de hecho, puedo decir orgulloso que en algún momento me avente un “palomazo” con la alineación original, Tomas, Tato y Jacobo.
Recuerdo una ocasión en que el “Penny” tocaba la batería (integrante nuevo) Jacobo me cedió su lugar en el bajo para así poder tocar un Blues con la mítica banda de mi Tío, nuevamente enfatizando mi apego a la veracidad, debo confesar que se escucho espantoso, pero estando al cobijo de grandes músicos poco importaba, así que disfrute esa sesión de Blues a la mexicana como pocas cosas en mi vida.
La Destrucción nunca grabo un disco, jamás los ví sobre un escenario, pero cada sábado era una cita inquebrantable en su lugar de ensayo, donde sus integrantes hacían “rockear” a quién se les parase enfrente, algo que muy pocos pueden lograr.
Sirvan estas líneas para homenajear a dos grandes hombres, integrantes de La Destrucción, Tato y Jacobo, quienes se nos han adelantado en el último viaje que todos debemos hacer, así que levanto mi copa y brindo a su salud, Tío Tommy ánimo y que viva La Destrucción.
martes 1 de diciembre de 2009
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2 comentarios:
Hola Miguel me gusta tu blog espero que de vez en cuando visites el mio, ya se que es de tarjetitas y eso pero bueno de vez en cuando me gustaria que pasaras a dejarme un saludo ;) cuidate saludos.
P.D. Como olvidar el solo obligatorio...
corazón¡¡¡
comparto el brindis contigo y vivan los recuerdos¡¡¡
Abrazos tio Tommy.. ::)
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